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¿Por qué no rindo hoy?

Seguro que alguna vez te ha pasado.

Llegas al box, miras la pizarra, ves un entrenamiento y dices… lo reviento!!

Los movimientos se te dan bien. Los pesos son manejables. Incluso puede que hayas hecho algo parecido hace unas semanas y recuerdes perfectamente cómo te fue.

Empiezas a calentar.

Y algo no funciona.

La barra pesa más de lo que debería. Las pulsaciones suben demasiado pronto. Te cuesta recuperar.

Terminas el entrenamiento, miras tu resultado y piensas:

“¿Pero qué me pasa hoy?”

“Estoy peor que antes.”

No, simplemente hoy has rendido peor.

Y esas dos cosas no significan lo mismo.

No somos máquinas

Nos gustaría pensar que nuestro rendimiento sigue una línea bastante sencilla.

Entreno. Me recupero. Me hago más fuerte.

Entreno otra vez. Me hago todavía más fuerte.

Y así sucesivamente.

Pero nuestro cuerpo tiene la costumbre de no mirar nuestras gráficas.

El rendimiento fluctúa.

Puedes estar más fuerte que hace tres meses y, aun así, levantar menos peso un martes cualquiera.

Puedes tener mejor capacidad aeróbica que el año pasado y hacer un wod peor que entonces.

Puedes llevar semanas entrenando muy bien y encontrarte un día en el que simplemente no aparece tu mejor versión.

Porque al box no llega solamente el atleta. Llega la persona.

Y contigo entran las horas que has dormido, lo que has comido, el estrés del trabajo, los entrenamientos anteriores, tus preocupaciones, tu nivel de hidratación y todo lo que has hecho durante las últimas horas o incluso días.

El entreno no sabe nada de eso. Tu cuerpo sí.

Dormir poco o mal también entrena contigo

Quizá el ejemplo más evidente sea el sueño.

Has dormido poco o no muy bien.

Has tenido un día complicado.

Pero llega la hora de entrenar y esperas rendir exactamente igual que el día que has dormido ocho horas y has pasado una jornada tranquila.

A veces ocurre. Pero no es lo normal.

Y lo mismo sucede con la alimentación.

No es igual llegar correctamente hidratado y habiendo comido bien durante el día que aparecer después de varias horas sin comer, intentando hacer un entrenamiento de alta intensidad.

Tampoco es igual entrenar después de dos días relativamente tranquilos que hacerlo después de varios entrenamientos exigentes consecutivos.

Todo suma. Y algunas veces también resta.

La fatiga no siempre se nota antes de empezar

Este punto es especialmente engañoso.

Hay días en los que sabes perfectamente que estás cansado.

Te levantas y ya lo notas, pero otras veces llegas al box sintiéndote aparentemente bien y descubres la fatiga cuando empiezas a entrenar.

Las piernas no responden, la barra no acelera, necesitas descansar más entre series…

El ritmo que normalmente puedes mantener hoy te está destruyendo.

No necesariamente estás perdiendo forma física.

Puede que simplemente estés viendo el resultado de la carga acumulada de los últimos días.

Entrenar produce fatiga.

Y eso no es algo negativo. Forma parte del proceso.

Lo importante es que entrenamiento y recuperación mantengan una relación razonable.

Porque entrenar más no siempre significa mejorar más.

El calentamiento también nos da información

Por eso calentar no sirve únicamente para aumentar la temperatura corporal.

También sirve para escuchar.

¿Cómo se mueve hoy la barra? ¿Cómo están mis hombros? ¿Cómo noto la respiración?

Quizá tenías pensado hacer el trabajo de fuerza con 100 kg y durante el calentamiento descubres que 80 ya se sienten especialmente pesados.

Eso es información, no una derrota.

A veces podremos mantener el plan y otras tendrá sentido bajar ligeramente la carga.

Y algunas simplemente necesitaremos aceptar que hoy tendremos que trabajar un poco más para conseguir lo mismo.

Saber interpretar esas señales también forma parte de aprender a entrenar.

Un entrenamiento malo no borra los anteriores

Este probablemente sea uno de los errores que más cometemos.

Podemos llevar tres semanas entrenando espectacularmente bien.

Y entonces tenemos una sesión horrible.

¿En cuál pensamos cuando salimos del box?

Exactamente. En la horrible.

Tenemos una capacidad curiosa para olvidar veinte entrenamientos buenos en cuanto aparece uno malo.

Pero el progreso no se mide así.

Un entrenamiento es solamente una fotografía.

Para saber realmente si estás progresando necesitas mirar la película completa.

¿Cómo entrenabas hace seis meses y cómo entrenas ahora? Pesos, movimientos, tiempos, actitud…

Ahí es donde empieza a aparecer la evolución real.

Tampoco todos los entrenamientos tienen que ser espectaculares

Hay otra expectativa que conviene desmontar.

No todos los días vamos a hacer un PR o todos los WODs van a terminar con una marca que queramos enseñar.

No siempre vamos a salir del box pensando que hemos tenido un entrenamiento increíble. Y no pasa absolutamente nada.

Gran parte del progreso se construye en sesiones bastante menos emocionantes.

Días normales o incluso algunos días malos.

Días en los que simplemente haces el trabajo y cumples la programación.

Porque la constancia no consiste en entrenar únicamente cuando todo funciona.

Consiste también en aprender qué hacer cuando no funciona.

¿Entonces tengo que apretar aunque tenga un mal día?

Depende.

Y probablemente esta sea una de las respuestas que menos nos gusta escuchar.

Hay días en los que simplemente estamos algo cansados y, después de calentar, el cuerpo empieza a responder.

En esos días quizá podamos entrenar prácticamente con normalidad.

Hay otros en los que tendremos que ajustar una carga, bajar ligeramente el ritmo o modificar algún movimiento.

Y habrá ocasiones en las que lo más inteligente sea reducir mucho la intensidad o incluso descansar.

La dificultad está en aprender a distinguir entre:

“Hoy no tengo demasiadas ganas de entrenar.” y

“Hoy mi cuerpo necesita que adapte el entrenamiento.”

No son lo mismo.

Y aprender esa diferencia requiere tiempo, experiencia y, muchas veces, escuchar al coach que tienes delante.

Tu rendimiento de hoy no define tu progreso, lo que construyes en cada entreno marca tu evolución.

Mañana volveremos al box.

Y seguiremos entrenando.

José Carlos Marin Martel

CrossFit La Forja

#ForjandoAtletas

¿Tengo que hacer RX? Atleta haciendo dominadas en CrossFit La Forja Sevilla

¿Tengo que hacer RX?

Si llevas un tiempo haciendo CrossFit, seguramente estas dos letras han empezado a tener más importancia de la que tenían cuando llegaste al box.

RX.

Al principio probablemente ni sabías qué significaban. Mirabas la pizarra, escuchabas al coach explicar el entrenamiento y bastante tenías con recordar qué era un power clean, dónde tenías que colocarte o cuántas rondas había que hacer.

Pero pasa el tiempo. Mejoras. Empiezas a mover más kilos, realizas movimientos que hace unos meses parecían imposibles y, casi sin darte cuenta, aparece una nueva pregunta:

“¿Hoy puedo hacerlo RX?”

Y no hay absolutamente nada malo en querer hacerlo.

El problema empieza cuando confundimos hacer RX con entrenar mejor.

¿Qué significa realmente RX?

Qué significa RX en CrossFit: atleta haciendo dominadas con lastre en CrossFit La Forja Sevilla

RX simplemente indica que has realizado el entrenamiento con los movimientos, cargas y estándares que estaban indicados como máximos. Nada más.

No es una medalla. No es un nivel que, una vez alcanzado, tengas que mantener para siempre. Y desde luego no determina si eres mejor o peor.

Puedes hacer RX un entrenamiento y escalar el siguiente.

De hecho, habrá ocasiones en las que escalar sea precisamente la decisión que te permita entrenar mejor.

Porque detrás de cada WOD debería existir un objetivo.

El entrenamiento tiene un objetivo

Imagina un entrenamiento de 10 minutos pensado para que mantengas un ritmo alto, con series relativamente cortas y pocas interrupciones.

En la pizarra aparecen 10 thrusters con 50/35 kg y 10 pull-ups.

Puedes mover 50 kg y puedes hacer pull-ups.

Técnicamente, puedes hacer RX.

Pero empiezas el entrenamiento y esos 10 thrusters se convierten en 4+3+3. Llegas a la barra de dominadas y haces 3, descansas, haces otras 2, vuelves a descansar…

El entrenamiento que debía ser rápido y fluido se convierte en una sucesión de pequeñas batallas contra cada serie.

Has hecho RX. Pero quizá no has hecho el entrenamiento que estaba programado.

Ahora imagina que utilizas 40 kg y haces 10 thrusters sin soltar la barra. Adaptas las dominadas para poder completar las series con pocas interrupciones y mantienes la intensidad durante los diez minutos.

Habrás escalado el entrenamiento, pero posiblemente habrás entendido mucho mejor su objetivo.

Escalar no significa hacerlo fácil

Esta es posiblemente una de las ideas que más cuesta entender.

Escalar un entrenamiento no consiste en quitar peso hasta que resulte cómodo.

Consiste en encontrar TU VERSIÓN del entrenamiento.

A veces significará bajar kilos. Otras veces reducir repeticiones. Cambiar un movimiento gimnástico. Acortar una distancia. Modificar una habilidad.

Y algunas veces el coach incluso puede proponerte algo que, sobre el papel, parece más sencillo pero consigue que entrenes muchísimo más duro.

Porque si una adaptación te permite moverte más rápido, descansar menos y mantener la intensidad prevista, posiblemente no estés haciendo una versión más fácil.

Estás haciendo tu versión correcta del entrenamiento para ti.

“Pero quiero progresar”

Y debes quererlo.

Queremos que llegue el día en el que esos 50 kg ya no sean un problema. Queremos que consigas tus primeros saltos dobles o tu primer muscle-up.

Pero no tenemos que demostrar que sabemos hacerlos cada vez que aparecen escritos en la pizarra.

Entrenar una habilidad y utilizarla dentro de un WOD no son exactamente lo mismo.

Quizá eres capaz de hacer dos toes to bar seguidos. Eso es fantástico. Significa que estamos avanzando.

Pero si el entrenamiento tiene series de 15 y necesitas dos minutos para completarlas, probablemente hoy no sea el momento de utilizarlos como movimiento principal del WOD.

Podemos trabajar esos toes to bar antes. Podemos practicar progresiones. Podemos desarrollar la fuerza que necesitas. Y cuando llegue el momento adecuado, los meteremos en el entrenamiento.

El progreso no desaparece porque hoy hayas escalado. De hecho, muchas veces ocurre justo lo contrario.

El RX también se puede alimentar del ego

Todos lo hemos hecho alguna vez.

Miramos la pizarra. Miramos el peso. Miramos de reojo lo que está montando el compañero de al lado.

“Bueno… voy a probar RX.”

A veces sale. Y otras veces, a los tres minutos, descubrimos que hemos firmado un mal contrato con una barra de 60 kilos.

No pasa nada. También aprendemos así.

Pero parte de madurar como atleta consiste en empezar a elegir nuestras cargas y movimientos no por lo que queremos demostrar, sino por lo que queremos entrenar.

Hay días para levantar pesado. Hay días para practicar habilidades. Hay días para hacer sufrir a la patata. Y hay días para bajar las revoluciones.

No necesitamos demostrar todo lo que sabemos hacer en cada sesión.

Entonces, ¿cuándo debería hacer RX?

Escalar el WOD: atleta haciendo dominadas asistidas con goma en CrossFit La Forja Sevilla

No existe una fórmula perfecta.

Y quizá la pregunta más importante es: ¿Qué quiere entrenar hoy el coach con este WOD?

¿La versión RX me permitirá acercarme al estímulo que busca el entrenamiento?

Por eso merece la pena escuchar el briefing.

Cuando un coach dice que quiere rondas de dos minutos o que una barra debería poder hacerse unbroken no está rellenando minutos antes de darle al reloj.

Te está dando información para elegir correctamente tu entrenamiento.

El RX llegará

Si entrenas con constancia, trabajas tus debilidades y entiendes cuándo apretar y cuándo adaptar, probablemente cada vez podrás hacer más entrenamientos RX.

Pero curiosamente, cuanto más tiempo llevas entrenando, menos importancia suelen tener esas dos letras y empiezas a valorar otras cosas.

Moverte mejor. Ser más eficiente. Entender tus ritmos. Saber cuándo atacar. Terminar un entrenamiento sabiendo que has clavado exactamente lo que se buscaba.

Porque al final, el objetivo nunca fue escribir RX junto a tu resultado.

El objetivo era ser un poco mejor atleta cuando salieras del box de lo que eras cuando entraste.

Y para conseguirlo, algunos días tendrás que hacer RX y otros días tendrás que escalar.

Las dos forman parte del mismo camino.

CrossFit La Forja

José Carlos Martin Martel

#ForjandoAtletas